Franquicia Tributaria y El Futuro de la Empleabilidad en Chile

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Carla Aravena, gerente general de OTEC Teamclass, afirma que existe desinformación sobre los beneficios de este instrumento en cuando a su rol de movilidad social, el que permite capacitar incluso a personas que se encuentran en situación de desempleo.

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En el actual escenario de discusión sobre el posible fin de la franquicia tributaria del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), voces del mundo de la capacitación llaman a poner el foco en la evidencia y en el impacto real que esta herramienta tiene en la empleabilidad en Chile.  Los números son contundentes. Solo en 2025, este instrumento permitió capacitar a más de 1.055.000 personas. No se trata de un mecanismo marginal: es uno de los principales motores de formación laboral del país.



Este mecanismo permite que las empresas destinen hasta el 1% de su planilla anual de remuneraciones a capacitación, descontándolo de impuestos. Más allá de su diseño técnico, su alcance es significativo: se trata de uno de los principales sistemas de formación laboral del país, que cada año beneficia a cientos de miles de personas.



“La franquicia tributaria no es un beneficio abstracto para las empresas, sino una herramienta concreta que conecta las necesidades reales del mercado laboral con la formación de las personas”, afirma Carla Aravena.

Gracias a este sistema, las empresas pueden capacitar a trabajadores activos, pero también financiar programas de precontrato —dirigidos a personas sin empleo— y procesos de certificación de competencias laborales. Así se genera un círculo virtuoso: las organizaciones detectan brechas reales, se capacita en función de esas necesidades y se facilita la inserción o mejora laboral.


Uno de los aspectos menos visibilizados es a quién beneficia directamente. La franquicia está diseñada para cubrir un mayor porcentaje del costo de capacitación en trabajadores de menores ingresos, llegando incluso a financiar hasta el 100% en ciertos tramos.

“En la práctica, este es un mecanismo altamente focalizado en la clase media y en sectores más vulnerables. Para miles de personas, representa muchas veces la única oportunidad real de capacitarse, aprender un oficio o mantenerse vigentes en un mercado laboral cada vez más exigente.  Los datos lo confirman: en 2025, el 66% de los beneficiarios corresponde a personas con enseñanza media o básica, y el 80% percibe ingresos inferiores a $1,7 millones. Es decir, el foco de su uso está claramente puesto en quienes más lo necesitan”, explica Aravena.



La herramienta que enfrenta el desempleo en Chile.

En un país donde no todas las personas pueden acceder a educación superior, este instrumento cumple un rol clave en la actualización de habilidades, la reconversión laboral y la adaptación a los cambios tecnológicos. Esto cobra aún más relevancia en el contexto actual: según cifras recientes del INE, la tasa de desempleo en Chile bordea el 8%, con más de 800 mil personas buscando trabajo, lo que evidencia la urgencia de fortalecer herramientas que faciliten la inserción laboral.


“A través de programas de precontrato, personas que hoy no tienen empleo pueden capacitarse antes de ingresar al mundo laboral. Esto no es teoría, es movilidad social concreta”, agrega la ejecutiva.

 

En este contexto, su eventual eliminación genera preocupación en el sector. De concretarse, advierten, podría traducirse en una menor inversión en capacitación por parte de las empresas, una reducción significativa de oportunidades formativas y una menor capacidad del país para adaptarse a los cambios del mercado laboral.


“Si queremos aumentar el empleo y la productividad, reducir la capacitación va en la dirección contraria. No fortalece el mercado laboral, lo debilita”, enfatiza Aravena.


Para la experta, parte del cuestionamiento actual responde a una comprensión incompleta del sistema. Si bien reconoce que existen espacios de mejora —como fortalecer los mecanismos de control, calidad y medición de impacto—, insiste en que el camino no es eliminar la herramienta, sino perfeccionarla.


“El desafío es mejorarla, no desmantelarla. Bien utilizada, la franquicia tributaria es un puente directo hacia el empleo y una de las herramientas más efectivas de inclusión laboral que tiene el país”, sostiene.


Finalmente, Aravena concluye: “La franquicia transforma impuestos en oportunidades reales para las personas. Eliminarla no es modernizar el sistema, es debilitar uno de los principales motores de capacitación y empleabilidad en Chile”.